Lecciones en innovación: 15 años de experiencia creativa
18 de junio de 2025

A lo largo de mi carrera, he tenido la oportunidad de practicar una amplia variedad de metodologías de innovación. De todas estas experiencias, he aprendido una lección clave: sus mejores prácticas radican en la combinación del pensamiento crítico, sistémico y creativo.
Mi incursión en el diseño comenzó en 2005, cuando inicié mis estudios en Diseño de Producto. En esta etapa, tuve acceso a una amplia documentación sobre el proceso creativo de diseñadores destacados, quienes se convirtieron en fuentes de inspiración para mi desarrollo profesional. Para cuando concluí mis estudios, el Design Thinking ya emergía como la metodología predominante en el diseño. Aunque en aquel entonces no comprendía plenamente su impacto en la innovación, intuía que ofrecía un enfoque simplificado del proceso de diseño.
Cuando comencé mi maestría en Innovación y Diseño Multidisciplinar, nos dejaron claro desde el primer día que no sería una maestría sobre metodologías específicas, sino una sobre innovación en un contexto de diseño. Mis tutores enfatizaron que íbamos a desarrollar soluciones creativas, co-creativas y multidisciplinarias, enfrentando retos empresariales con una perspectiva innovadora. Cada proyecto fue único, con procesos y herramientas diferentes, lo que me enseñó que la innovación siempre es contextual.
Mi visión sobre la innovación dio un giro significativo al trabajar como Analista e Investigadora de la Innovación, mi primer empleo tras la maestría. El puesto estaba en el Reino Unido y nuestros clientes eran multinacionales basadas en Europa. Aprendí metodologías que, aunque no estaban relacionadas directamente con el diseño, eran consideradas herramientas de innovación. Inicialmente me preguntaba cómo podían catalogarse así, ya que no estaban orientadas a crear nuevos servicios o experiencias. Más bien, se utilizaban para diseñar estrategias, implementar cambios organizacionales, desarrollar programas de comunicación, gestionar portafolios o establecer alianzas.
Como diseñadora, no pude evitar estudiarlas con profundidad. Durante los siguientes años, investigué cómo funcionaban y por qué eran efectivas. Aprendí que la innovación es una disciplina compleja, con metodologías que permiten generar valor en todas las áreas de una organización, desde su servicio hasta la experiencia que brinda a los usuarios. Y, sobre todo, descubrí que es gracias al diseño que las disciplinas ajenas a la creatividad logran incorporar innovación en su quehacer diario. Las mejores prácticas de innovación, después de todo, se diseñan.
En 2016, me sentí preparada para experimentar con estas metodologías y diseñar un sistema que integrara las mejores prácticas documentadas. Así nació la idea de Agami .
A continuación, les comparto mis principales lecciones de estos 15 años en el mundo de la innovación empresarial.
La innovación se nutre de empatía y creatividad : La verdadera generación de valor surge cuando el negocio armoniza con las necesidades humanas, de todas sus audiencias (clientes, usuarios, proveedores, colaboradores). Esto se logra cultivando empatía y activando el pensamiento creativo. El diseño nos enseña, de manera sistémica, a desarrollar estas competencias.
La innovación es contextual : No existe un proceso universal para innovar. Cada proyecto es único, y su contexto define la metodología, las dinámicas de equipo y las herramientas que se utilizarán.
Diseño e innovación comparten un objetivo: generar valor : Aunque emplean diferentes enfoques y terminología, ambas disciplinas buscan lo mismo. No se preocupe demasiado por dónde empezar; simplemente avance y el camino se hará más claro.
La actitud importa más que la metodología : Una disposición abierta a aprender, asumir riesgos, desarrollar empatía, pensar fuera de la caja y aceptar la crítica constructiva es fundamental para abrazar cualquier proceso de innovación.
Lo desconocido puede intimidar : Quienes no están familiarizados con el proceso creativo pueden sentirse incómodos. Recuerde empatizar con estas personas; ellas también son usuarios de su proceso.
La comunicación es clave : Comprender los estilos de comunicación dentro del equipo, evitar asumir información y expresar claramente las necesidades es esencial para el éxito de cualquier proyecto.
La iteración es parte del proceso : El proceso creativo no sigue un camino lineal. Las nuevas ideas o información pueden surgir en cualquier momento, requiriendo ajustes y más tiempo. Valore la iteración, es una señal de aprendizaje y de que está evitando errores mayores en el futuro.
Explorar y empatizar son etapas esenciales : El diseño busca satisfacer las necesidades de todos los usuarios. Para lograrlo, es imprescindible conocerlos a fondo.
La creatividad se desarrolla : Todos los seres humanos son creativos por naturaleza. Si bien nuestra capacidad de expresión creativa se forma en la infancia, los adultos pueden reaprender y fortalecer su confianza creativa. Este proceso no solo es posible, ¡también es transferible!
Espero que estas reflexiones le inspiren a explorar cómo el diseño y la innovación pueden generar valor en su entorno. 😊